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El duelo perinatal. Una conversación especial, en consulta

Madre: No sé cómo explicarlo ya. Todo el mundo me dice que soy joven, que tengo dos hijos maravillosos, que la vida sigue. Pero… ¿cómo se sigue cuando una vida que estaba dentro de ti deja de latir sin avisar?

No tienes que explicarlo para que te entiendan. Tienes que explicarlo para que tú puedas respirar un poco más hondo. Estoy aquí para escucharte, sin prisa.

Madre: Era una niña. La deseábamos tanto… todo iba bien. Cada ecografía, cada latido… y de repente, un día, silencio. Ese silencio que se te mete en el cuerpo y no se va. Y yo sigo preguntándome qué hice mal. Qué no vi. Qué no supe proteger.

Ese sentimiento de culpa es muy común en el duelo perinatal, pero no es justo contigo. No hiciste nada mal. No fallaste. El cuerpo a veces guarda misterios que ni la medicina puede explicar. Y eso duele porque te deja sin respuestas. ¿qué nombre habíais elegido para tu hija?

Madre: Elena. La llamábamos Elena.

Permitimos que el silencio sea el protagonista durante unos segundos que parecen horas… y ambas bebemos agua. Yo medio vaso, ella sólo dos sorbos.

Madre: Mi pareja ya me ha dicho que por qué sigo triste. Que ya han pasado semanas. Que tengo que “centrarme en lo que sí tengo”. Y yo lo intento, de verdad que lo intento. Pero no puedo. Me siento incomprendida. Como si mi dolor molestara.

– Y tú, a ti, te molesta este dolor?

Madre: no es una emoción cómoda, desde luego….
-Tu dolor no molesta. Tu dolor existe. Y merece espacio. El duelo perinatal es un duelo no consentido muchas veces: la gente quiere que pases página rápido porque no saben cómo acompañarte. Pero tú no tienes que acelerar nada. El ritmo lo marcas tú y será válido, yo sólo te acompañaré sin empujarte.

Madre: He ido a médicos, psicólogos, terapeutas alternativos… a todo lo que he podido. Necesito entender qué pasó. Necesito una explicación que me devuelva la calma. Pero nadie me la da. Y mientras tanto, yo me pierdo. Ya no disfruto nada. No me ilusiona nada. Estoy obsesionada con esto.

Buscar respuestas es humano. Pero también puede convertirse en una trampa cuando las respuestas no existen. Lo que sí podemos trabajar juntas es cómo sostener la incertidumbre sin que te destruya. Cómo convivir con lo que no se puede explicar.

Madre: ¿Y cómo se hace eso? Porque yo no sé. No sé salir de esta encrucijada. No sé cómo volver a ser yo.
No vas a volver a ser la de antes. (Silencio y ambas bebemos agua de nuevo….)
Vas a ser una versión nueva, más consciente, más fuerte, más compasiva contigo misma. Pero para llegar ahí, necesitas herramientas. Y yo puedo ayudarte a construirlas.

Madre: Dime cuáles… por favor.
Vamos paso a paso.

  1. Para la ansiedad:
    Practicaremos respiraciones que bajan la activación fisiológica.
    Te enseñaré a identificar cuándo tu mente empieza a anticipar catástrofes.
    Trabajaremos en anclarte al presente, no al “¿y si…?”.
  2. Para la tristeza:
    No vamos a eliminarla. Vamos a darle un lugar seguro.
    Aprenderás a diferenciar tristeza de culpa, porque no son lo mismo.
    Te acompañaré a crear rituales de despedida que te permitan honrar a tu hija sin quedarte atrapada en el dolor.
  3. Para la positividad, que nunca ha sido tu fuerte:
    No vamos a forzar el optimismo.
    Vamos a construir micro-momentos de alivio: cosas pequeñas que te devuelvan un milímetro de luz cada día.
    Te enseñaré a reconocer tus recursos internos, que ahora están escondidos bajo la pena.

Madre: ¿De verdad crees que puedo salir de esto?
– No solo creo que puedes. Sé que puedes. No porque “seas joven”, ni porque “tengas otros hijos”, ni porque “la vida siga”. Sino porque estás aquí, hablando, buscando ayuda, intentando entenderte. Eso es fortaleza. Aunque ahora no lo veas.

Madre: Me da miedo que la gente piense que soy victimista.
No eres victimista. Eres una madre en duelo. Y el duelo no es un papel que se interpreta, es una herida que se atraviesa. Y tú la estás atravesando con una valentía que quizá nadie te reconoce, pero yo sí la veo.

Madre: Gracias… necesitaba que alguien me dijera que no estoy exagerando.
No estás exagerando. Estás viviendo una pérdida profunda. Y vamos a trabajar juntas para que puedas respirar sin que duela tanto. Para que puedas volver a mirar el futuro sin miedo. Para que puedas recordar a tu hija sin romperte.

¿Puedo darte otro abrazo largo? ¿Te vendría bien?

Madre: por supuesto…. Lo necesito.
Nos fundimos en un abrazo y agendamos nuestro nuevo encuentro.

¡¡Hasta pronto!!