Tengo Un Equipo Genial (I)

Tener la responsabilidad sobre un equipo y perseguir resultados de excelencia requiere de nuestro máximo esfuerzo y concentración además de otras muchas habilidades que día a día y de modo inconsciente ponemos en marcha.

Recuerdo todavía con mucha frescura, pese a que hará al menos 20 años, la respuesta que me dio un candidato a un puesto de Director Comercial. El candidato al preguntarle cuáles crees que son las 3 principales responsabilidades de un “jefe” me contestó:

“la primera responsabilidad es conocer muy bien a todas y cada una de las personas de su equipo”. 
¿Y la segunda?- le pregunté-. 
“Lo mismo” – me dijo-. 
¿Y la tercera? –dije entonces-. 
Su respuesta, muy sonriente, fue la siguiente: ”pues según lo bien que haya asumido esas dos primeras responsabilidades, ya se puede centrar en el logro de objetivos.”

Yo estaba muy de acuerdo, por ello, tras un silencio y cruce de miradas con cierta complicidad, le insistí… ¿ y si no ha hecho correctamente lo anterior?

¡¡¡Que dimita, qué deje su puesto!!! –dijo-. 

Creo que en esta conversación resumo bastante bien lo que considero que es la esencia de la dirección de equipos. Da lo mismo el área de la empresa donde estemos posicionados, lo más importante para una persona que debe alcanzar resultados a través de terceros es conocer al máximo a “ esos terceros”.

Si estás leyendo este artículo y te pregunto que si conoces bien a las dos personas más cercanas de tu equipo , sin dudarlo me contestarás que SI, POR SUPUESTO! 

Si te pregunto cuántos hijos tienen, me lo dirás, pero si te pregunto cómo se llaman, ya quizá tengas dudas……… crees que es lo mismo preguntar a tu colaborador ¿cómo está tu familia?, en lugar de qué tal tu hijo Carlos hoy? ¿Ha entrenado ya en su equipo de fútbol nuevo?

Son muchas las ocasiones en las que buscamos estrategias complejas y barrocas para sacar el máximo partido de los miembros de nuestro equipo y, sin embargo, tenemos descuidados los aspectos más básicos de las relaciones humanas y que van a procurar esa complicidad y compromiso que necesito de ellos, sobre todo en los momentos de mayor dificultad.

Prueba a tomar un café cada día con una persona diferente de tu equipo, pregúntale su opinión sobre algún tema de interés personal y profesional, amplía tu círculo de conexión con esa persona. No tengas prisa al hablar con ellos, no muestres inquietud por volver a tu puesto de trabajo, ten serenidad, disfruta y pon tu atención plena. Es muy posible que ya lo estés haciendo…. Aún así, insisto en ello, hazlo de manera habitual no de modo esporádico, ni solo con esa persona con la que más afinidad tienes ya. Establece vínculos más allá de lo que te resulte cómodo, no lo dejes en un deseo o en un “a ver si surge…”.Cuando lo hagas ¡Te sorprenderás del equipo que tienes!. 

En mis seminarios sobre desarrollo de equipos y liderazgo eficaz hago mucho hincapié en todo ello.

¡¡No te obsesiones con buscar estrategias de motivación para lograr el compromiso de tu equipo: simplemente acércate a ellos, empieza pidiendo su opinión!!

Termino este primer post dedicado a mejorar la capacitación para el liderazgo de equipos con una de las citas que encontrarás en mi Rincón de la reflexión.




La Importancia Del Conocimiento. Cultura Organizacional.

Aquél que tiene imaginación, pero carece de conocimientos, tiene alas, pero no tiene pies

JOSEPH- JOUBERT, ENSAYISTA Y MORALISTA FRANCÉS 1754-1824

Estamos en la era de la innovación, a los equipos les pedimos que innoven, que sean más creativos, que aporten soluciones a los problemas cotidianos… que vayan más allá de lo percibido… sin embargo, en muchas ocasiones, faltan conocimientos imprescindibles para poder llevar a cabo esta misión de modo eficiente, y nos lleva a recibir iniciativas que no son útiles, ni tampoco todo lo profundas que nos gustaría.

Debemos generar una Cultura Organizacional donde se premie «la curiosidad intelectual» del equipo, de todos sus miembros. Para ello, debemos contagiar al equipo, dar ejemplo.

¿Cómo lo podemos hacer? seguramente muchos de vosotros leéis artículos relacionados con el sector, estáis suscritos a revistas muy interesantes.

Tengo comprobado que cuando leo, si no comparto los aprendizajes que extraigo de mi lectura, al final estos conocimientos no me facilitan ir más deprisa, más directa a la meta.

Os invito a que toméis conciencia de la importancia que tiene crear un ambiente inquieto culturalmente, que les guste leer por leer, leer para encontrar y sobre todo leer para aplicar y compartir. A partir de aquí es más fácil, yo diría que es la única vía para llegar a innovar. 

Crear una Cultura de aprendizaje contínuo, lleva siempre a esa cultura de la innovación que todos anhelamos y que hoy ya no es una opción en la empresa, sabemos que es una necesidad que nos permitirá continuar en el mercado. 

Confío en que os sea útil esta reflexión. 

Un saludo y hasta pronto!!




¿Sabes Inspirar Confianza?

La confianza en los demás nos hace más felices.

¿Confías en tí mismo? ¿confías en los demás? ¿sabes inspirar confianza? Todo lo que hacemos a diario con nuestra pareja, nuestros hijos, amigos y por supuesto en el ámbito laboral requiere de ese elemento imprescindible que llamamos “confianza”.

La confianza es ese ingrediente intangible que nosotros depositamos en los demás y que al mismo tiempo necesitamos obtener de nuestros interlocutores, sin él cualquier logro resulta mucho más difícil de alcanzar o incluso imposible.

Definir la confianza es complejo, es una fortaleza emocional, es una creencia en uno mismo o en los demás…. es un valor personal y como tal debemos primero cultivarlo para aprovechar sus bondades y después podremos compartir sus beneficios.

Del mismo modo que cuando somos padres, cuando ocupamos puestos de responsabilidad y contamos con personas en nuestro equipo, nuestra capacidad para inspirar confianza es nuestro termómetro para el éxito. Para un “jefe” inspirar confianza no es una elección, es una responsable obligación. Nuestro equipo debe creer en nosotros, debe saber que la persona que tiene al frente le guía por el camino acertado y le va a responder siempre que sea necesario.

Hablar de confianza requiere un doble enfoque:

Enfoque activo:

Confiar: esperanza de que algo/alguien va a dar un resultado determinado.

Desconfiar: convencimiento de que algo o alguien no dará un determinado resultado sino que dará otro opuesto o diferente al deseado.

Enfoque pasivo:

No confiar: sin expectativas respecto a ningún resultado determinado.

Normalmente la desconfianza tiene un pasado objetivable, es más profunda y nos hace más intolerantes.

Para garantizar nuestro desarrollo personal de una forma sana y satisfactoria en todas las facetas de nuestra vida, debemos cultivar la autoconfianza. El talento lo tenemos, debemos sacarlo y pulirlo para que sea útil en el camino que deseamos recorrer.

¿Cómo podemos mejorar en autoconfianza? Debemos conocer muy bien las razones que nos impiden estar seguros de nosotros mismos. De este modo podemos poner el foco en cada una de ellas para resolverlas. Iremos desplazando nuestra actitud insegura por una más segura dando muestras a los demás de dominio de la situación y de autoconfianza. Es necesario tener una actitud abierta al aprendizaje, al cambio, así desarrollaremos aquellas habilidades que hoy nos impiden confiar plenamente en nosotros mismos. Para ello, atrévete a preguntar, a profundizar. Sé curioso intelectualmente.

Como diría José Ortega y Gasset «Quien hace una pregunta teme parecer ignorante durante cinco minutos, quien no la hace se mantiene ignorante toda su vida»

¡Aléjate de las actitudes conformistas, confía lo suficiente en tí, define una meta de crecimiento y marca tu propio rumbo!

Cuando ya hemos trabajado la autoconfianza, podemos avanzar hacia esa competencia emocional más compleja que es inspirar confianza en los demás. Una consecuencia lógica de inspirar confianza es aumentar la colaboración en nuestro entorno, las personas se comunican más y mejor y por tanto se genera un enriquecimiento mútuo.

La pócima perfecta para inspirar confianza:

Sinceridad y honestidad

Humildad

Tolerancia, generosidad y escucha empática

Entusiasmo y convicción

Capacidad para asumir y cumplir compromisos

Para crecer personal y profesionalmente es importante hacer un chequeo de qué personas, cosas o situaciones nos restan autoconfianza y por qué. Después visualizar qué ganamos superando estos obstáculos y activar el botón “ON”

Cultivemos la sana costumbre de aumentar permanentemente nuestro nivel de autoconfianza y ser más confiables, esto nos lleva a sonreír más, contagiar actitud positiva, tener mejores relaciones sociales y al final obtener más y mejores logros.

Recuerda que es difícil que confíen en nosotros si nosotros no confiamos en los demás.

Hasta pronto!




Yo No Me Autoengaño, ¿O Sí?

“La locura hace andar y la vergüenza parar”, cada vez que leo o escucho este refrán me hace reflexionar sobre tener ilusiones y la automotivación, vencer miedos y el autoengaño.

El autoengaño es esa manera sutil de mentirnos a nosotros mismos y a los demás que nos permite tener un beneficio a cambio. Es una estrategia mental, generalmente inconsciente, que permite jugar con el curso de la realidad esquivando las situaciones donde afrontar responsabilidades incómodas.

Es algo que practicamos la mayoría de las personas y sólo algunas veces de modo plenamente consciente. Es decir, pocas veces decidimos qué beneficio queremos obtener con él y cuándo dejaremos de usar este mecanismo mental.

¿Qué nos permite el autoengaño? ¿para qué lo usamos?.

  1. Para afrontar las malas noticias, para superar el dolor. Nuestro cerebro filtra la información y logra que se pongan en marcha nuestros mecanismos internos adaptativos.
  2. Para postergar un cambio. Nos decimos a nosotros mismos y a los demás, luego lo haré, me dará tiempo, yo domino la situación. En este sentido también se da el caso de que al realizar un análisis de la situación, la autocomplacencia aparece para que no tengamos que andar por el incómodo camino del cambio.
  3. Para relajar nuestra mente y alejarla de la culpabilidad. Si bien es un noble deseo el de alejar la culpabilidad, el autoengaño no es la estrategia acertada.
  4. Para ajustar el desfase entre expectativas y resultados, alejando así la sensación de fracaso. Cuando dirigimos un equipo esto es especialmente grave, porque no sólo no crecemos nosotros, impedimos crecer también a nuestro equipo. 

Y tú, ¿para qué lo usas?

Sin embargo, ¿cuál es el resultado del autoengaño?

  1. Nos lleva a aplicar la ley del mínimo esfuerzo. Si no cambian las circunstancias no puedo cambiar yo (Personaje calimero). El control de los resultados está fuera de mí, yo sólo recojo y me adapto a lo que hay.
  2. La versión positiva nos lleva a la perseverancia. Mensajes como “Yo puedo, yo lo voy a conseguir” sin duda son positivos, muy positivos! Pero ojo! La perseverancia sin consciencia y sin estrategia nos aboca al fracaso y a la frustración.
  3. Nos lleva a comportamientos prepotentes y egocéntricos. Somos los mejores, los más buenos.. .entonces ¿para qué cambiar?. ( Mi padre siempre decía cuando íbamos por la carretera- seguramente hacia Teruel- y el coche de delante iba muy, muy despacio ¡Para qué va a correr más si va el primero!)
  4. El líder que se autoengaña disfraza la pobreza de resultados y acabará teniendo un equipo desmotivado por falta de logros.

¿Cómo podemos evitar el autoengaño?

Lo primero que nos va a ayudar a evitarlo es entender la diferencia entre automotivación y autoengaño. La automotivación implica ser conscientes de los “por qués”, de los “para qués” y nos lleva a definir los “cómos”. El autoengaño es la justificación constante de mis comportamientos y mis resultados. 

Si quieres evitar el autoengaño, puedes decidir hacer algo así como…

  • No tratar de quedar bien siempre con los demás.
  • Mejorar tu capacidad de autocrítica, buscando tus mejorables. Aprende a evaluar tus acciones. 
  • Escucha con interés las palabras de los demás y también sus silencios. ¡Cuando no entiendas algo, pregunta!
  • Pon en cuarententa las decisiones importantes, en ese período solicita apoyo sincero, la experiencia o conocimientos de los demás puede serte muy útil, tanto para no aparcar una buena idea como para no lanzarte al vacío.

“La puerta del cambio se abre desde dentro”.
Recuerda: “no huyas de la realidad, huye del autoengaño”




¡Qué Bien Lo Has Hecho! ¡Qué Grande Eres!

“Toda conducta que no se refuerza tiende a extinguirse” esta es una de las máximas con las que inicio yo la mayoría de mis seminarios o talleres prácticos. Con ella doy paso al aplauso en el aula como método para reforzar las intervenciones de los asistentes. Pero esto no me lo he inventado yo se trata de un “muy breve titular” de las teorías psicológicas que profundizan en el modo de aprender de las personas y cuyos principales estudiosos fueron Paulov y Skinner… y que luego lógicamente han tenido sus seguidores y detractores. En el aula y en la vida siempre es útil y bonito ser reconocidos por nuestros actos.

Pero ¿hacemos las cosas esperando que nos las reconozcan? Si es así ¿por qué? …

No es lo mismo que nos guste el reconocimiento de los demás que necesitemos “si o si” su aprobación para hacer las cosas. Necesitar la aprobación de los demás “porque sí” fuera de un contexto en el que una persona más experta nos está tutelando, deja al descubierto nuestra parte de la personalidad ausente de libertad y ,como tal, deja al descubierto parcelas íntimas de inseguridad o baja autoestima.

El número de ocasiones en las que necesitamos la aprobación de los demás y la intensidad de las mismas es lo que dará una puntuación más alta en BAJA AUTOESTIMA. Cuanto más necesitemos la aprobación de los demás más se disparan emociones que nos alteran y provocan respuestas fisiológicas-motoras durante la espera de dicho reconocimiento: desagrado, ansiedad, angustia, tristeza, irritabilidad, insomnio, dolor de estómago, ganas de comer compulsivamente, reducción del apetito, sudores, tics… y un largo etcétera.

Estamos demasiado ocupados mirando a ver qué dicen nuestros retrovisores y no ponemos el foco en el camino que tenemos por delante. Mientras todo esto sucede somos incapaces de disfrutar, crecer y ser felices. ¡Estamos desenfocados!

El enemigo no está frente a nosotros está en nosotros mismos. Lo curioso de todo esto es que es un mecanismo casi siempre interno y unidireccional, es decir, nosotros solos convertimos en una necesidad la aprobación de los demás y esto es un síntoma evidente y claro de que algo falla en nuestro circuito interno ya que nos convierte en esclavos de “esa persona” o de “esas personas”. A partir de ese momento nuestra felicidad la ponemos en manos de otros, de terceros. Si ellos quieren seremos felices y si no, NO! Pero ellos no lo saben y luego aparece el reproche, entramos en un circuito tóxico del que tenemos que salir para mejorar nuestra autoestima. Es muy importante hacerlo a partir de los primeros síntomas.Del mismo modo que no echamos a andar hasta que el semáforo se pone en verde y permanecemos quietos mientras está en rojo… cuando somos dependientes de la aprobación de los demás perdemos nuestro criterio, son otros los que aceleran y accionan la palanca de avance, llegaremos a su meta y no a la nuestra. Es fácil concluir que en todo este recorrido la probabilidad de tomar decisiones acertadas y satisfactorias, que nos lleven al desarrollo personal y profesional, es muy baja.

A diario, en mi trabajo y en mi vida, compruebo que el gusto por ser reconocido está bien, es normal y todos lo hacemos, pero cuando una persona lo lleva a extremos se convierte en enfermedad, la enfermedad de la dependencia. Estar en este escenario hace que la persona ya no disfrute con la compañía de los demás, los necesita, entonces ya no hay una relación sana. Se entra ya en una espiral donde siempre hay una perdedora: LA AUTOESTIMA.

Toca ahora ser primero autocríticos y luego ya identificaremos a terceros….

Pongo algunos ejemplos de necesidad de reconocimiento, seguro que te resulta familiar la puesta en escena (ya sabes que si esta conducta se convierte en habitual nos hace esclavos de ella)

  • El personaje “regalador” de sus atenciones y su tiempo como actitud compulsiva. Después acaba por sumirse en una profunda tristeza cuando no encuentra a cambio el respaldo y reconocimiento que él por si mismo pensó que iba a obtener.
    • ¿Qué me aporta lo que estoy haciendo? Sería la pregunta sana.
  • El personaje “vengo a hablar de mi libro y luego me voy” es esa persona que no para de contar lo bien que hace todo lo que se propone, lo lista que es, sus hijos, su pareja, su , su su… y no sabe ni un dato de cuáles son tus circunstancias HOY. ¡Ni una sola muestra de interés sincero por tí! Simplemente cuando se da cuenta de que la exigencia de su fama la reclama, entonces, ya levantándose de la mesa, esboza una leve frase “bueno a ti todo bien ¿no?…
    • ¿Qué crees que hay detrás de ese aparente exceso de seguridad?
  • El personaje “calimero” es esa persona que no para de hablar de lo mal que le va todo y lo víctima que es del sistema sin hacerte ni una pregunta de cómo te va a ti. Todo el mundo se ablanda ante las víctimas cuando ya las tiene delante pero también sabemos que no son los mejores compañeros de viaje si podemos elegir
    • Que viene, que viene…¡¡oh no… otra vez no!!
  • El personaje “ese dato yo ya lo sabía y ese chiste también” es otra muestra de soy poderoso porque lo sé todo, no me vas a descubrir nada que no sepa más y mejor que tú.
    • Por favor un poquito de humildad ¿la llamamos? ¡¡¡¡¡Humildad!!!! ¡Ven que aquí tienes trabajo!

¡¡No utilices ninguno de los comportamientos anteriores para obtener la atención, aprobación y el reconocimiento de los demás ni para lograr lo que quieres!!! Cualquiera de ellos te pasará factura.

Aprende a quererte por lo que eres, por lo que ya sabes hacer, por el potencial que llevas dentro y estás desarrollando y ¡sí! apóyate en los demás, agradece mucho cuando te lo reconocen, pero no hagas las cosas PARA QUE te las reconozcan, tu posición en la rueda de tu equipo de trabajo, de la empresa, de los amigos, de la familia y de la vida depende de tu convicción y de lo que creas que eres capaz de conseguir, porque esta será la guía y la palanca para tu esfuerzo.

Y ahora cuando te digan de nuevo ¡¡Qué bien lo has hecho!! ¡¡Qué grande eres!! puedes decir “muchas gracias por tu reconocimiento, me gusta oírlo, pero lo he hecho porque disfrutaba haciéndolo”

Te regalo un párrafo de un poema de William Ernest Henley (1849–1903) que se hizo famoso en boca de Nelson Mandela y de la película del mismo nombre del poema, INVICTUS :

Ya no importa cuán recto haya sido el camino


ni cuántos castigos lleve a la espalda.

Soy el amo de mi destino.

Soy el capitán de mi alma.




Estás En Movimiento, Pero ¿Qué Haces?

“Es más fácil subirse a una montaña rusa que bajarse de ella”, no es la primera vez que leo o escucho esta frase y ¿sabes qué? siempre me invita a reflexionar sobre mis hábitos y mi forma de actuar. Después, al poco tiempo, me descubro redireccionando algún aspecto de mí y aunque lo hago ya de modo automático no lo es de forma inconsciente. Me gusta y me empeño en tener engrasado mi mecanismo para el cambio de vía, incluso el mecanismo “cambiador del ancho de vía”.

La mayoría de nosotros vivimos a un ritmo excesivamente acelerado, vemos pasar las cosas bonitas e interesantes sin llegarlas a disfrutar, algunas de ellas simplemente las consumimos con una “voracidad exacerbada” y mezclando todos sus sabores. Esta falta de disfrute hace que nuestra sensación de bienestar y de alegría (cuando se da) sea más ocasional que permanente… una pena ¿verdad?

Desde aquí, hoy te invito a que pienses en ello. ¿Por qué esa velocidad?, ¿hacia dónde te diriges? O… ¿de qué huyes? Normalmente no resulta fácil responder a estas preguntas, y sin embargo en estas respuestas encontraremos muchas de las claves de nuestro día a día. Todavía se complica más si la pregunta es ¿para qué llevo esa velocidad? ¿para qué me levanté corriendo ayer cuando estaba disfrutando de un café con unos amigos? ¿para qué dije a mis hermanos que no podía ir al cine con ellos? ¿qué hice esas horas?

Sin duda alguna hay ocasiones donde nuestro ritmo acelerado encontrará una justificación objetiva, fiel a la realidad. Otras, sin embargo, buscaremos una respuesta que nos permita relajar nuestra conciencia… es cuando aparece ese fatal mecanismo del autoengaño que nos dirige hacia donde él quiere ya que así todo resulta mucho más fácil, no tenemos que cuestionarnos nuestros hábitos ni tampoco “mover nuestras costumbres”. (En breve les dedicaré un post especial al autoengaño y a la toma de decisiones vitales).

Como diría E.Hemingway “Nunca confundamos movimiento con acción”. No todo lo que hacemos sabemos su “para qué”, sin embargo en la respuesta a esta pregunta encontramos los beneficios de hacer lo que estamos haciendo y al no saber contestarla estamos dejando de disfrutar de ellos. No es necesario obsesionarse, pero es cierto que tomar conciencia plena de nuestras acciones nos permite aprovechar más sus sabores, olores, texturas.. en fin todas sus propiedades. Cuando si que sabemos responder a esa pregunta, optimizamos nuestro control sobre los acontecimientos y lo traducimos en bienestar emocional y también en productividad personal.

Pon el freno de mano, haz una parada, apéate para tomar conciencia de qué es lo que quieres hacer y si el trayecto elegido te lleva dónde realmente quieres estar. Resetea tus hábitos y descubre los beneficios de hacerlo. Saca punta a todo lo que tú decidas y borra lo que no necesites.

Conforme cumplimos años vamos metiendo piedras en nuestra mochila personal y emocional y no todas son piedras preciosas. Algunas de ellas sólo pesan y no tienen un valor ni material ni emocional, simplemente se han metido ahí camufladas detrás de otras más necesarias. Párate y revisa. Cuida tu salud física y emocional. Busca en todos los rincones de tu mochila y saca lo que no quieras que hoy esté en ella. Tu caminar será más ágil y equilibrado. Hazte ese regalo!

Hasta muy, muy pronto!




¿Te Has Acordado De Sonreír Hoy? Mejora Tu Atractivo Personal.

La sonrisa es un don natural. La capacidad para reír es innata e involuntaria. Debemos aprender a aprovecharla.

¿Sabes que de niños sonreímos y reímos más de 350 veces diarias y en la edad adulta hay días que no lo hacemos ni siquiera 10?. De hecho, comenzamos ya a sonreír en el útero materno. Debemos preguntarnos entonces ¿por qué frenamos ese instinto tan natural? Son muchas las ocasiones en las que nos empeñamos en alejar la oportunidad para reír. ¿Por qué no siempre nos contagiamos de alguien cuando viene con buen humor?. Porque el enojo que tenemos en ese momento nos impide recordar los beneficios de la sonrisa y de la risa. Es fácil llegar a esta conclusión, ¿verdad?

Como diría el humorista más famoso de la historia, Groucho Marx, «Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!»

Sonreír siempre se ha relacionado con la alegría, el optimismo, la simpatía y también con la sinceridad. Cuando una persona llega a nosotros sonriendo de modo natural, la recibimos con agrado, simplemente su compañía nos genera bienestar. La sonrisa nos hace más interesantes, aumenta nuestro atractivo personal. Es muy beneficiosa para la salud y genera mejor conexión con los demás que un gesto absolutamente serio y frío.

La risa es uno de los mayores inhibidores del miedo y también del estrés. Por tanto, hay que poner en funcionamiento esos 17 músculos faciales constantemente ( algunas fuentes científicas recientes dicen que son 12….) .

Hay estudios que demuestran que obligarnos a hacer la mueca de la sonrisa durante al menos 20 segundos hace que nuestro cerebro reciba la orden de que “estamos contentos” y comienza a liberar las mismas sustancias que cuando sonreímos de modo espontáneo y genuino, contribuyen a levantar el ánimo porque se despiertan las hormonas del bienestar y la felicidad. Sucede lo mismo con la sonrisa “social”, la de la cortesía. Es necesaria y útil.

Desde aquí te invito a que le des a la sonrisa la importancia que tiene, que es mucha.

Tu sonrisa envía mensajes directos a tu autoestima, le dice “Esta persona que ves, vale mucho”, “Esta persona que sonríe está preparada para dirigir su vida, afrontar retos”.. Tu sonrisa invita a los demás a ser cercanos, a sentirse bien contigo.

Los líderes sonríen la mayoría del tiempo mostrando así seguridad en sí mismos, confianza en sus capacidades y en sus recursos, confían en sus equipos, saben también que su poder de atracción pasa por inspirar a los demás para dirigirlos hacia los objetivos y resultados ¿A alguien le inspira una cara con el ceño fruncido, serio y actitud de víctima? Si quieres contagiar confianza a los demás, dirígete a ellos con una sonrisa sincera.

Tu sonrisa mejora el ritmo de ejecución. Recuerdo una anécdota en uno de mis primeros cursos de Atención al cliente. Era una entidad al servicio del ciudadano y tenía allí reunidos a los directores de agencia con algunos de los miembros del equipo. Cuando yo comentaba que había que sonreír al ciudadano que entraba, varias voces exclamaron: ¡no tenemos tiempo para hacerlo, vamos a tope! Entonces yo, tras mi lógico asombro y un breve silencio, comenté: “no es mi intención añadir una tarea más a vuestra apretada agenda, se trata de hacer lo mismo pero sonriendo! En ese momento, las risas invadieron el aula. Además cronómetro en mano, hicimos un ejercicio donde comprobamos que incluso la misma tarea realizada sonriendo ¡se hacía en menos tiempo! Haz el ejercicio y me cuentas.

Al sonreír, nuestro estado emocional hace rápidamente las maletas y emprende un viaje hacia el optimismo y el bienestar, se muestra seguro y entusiasta porque sabe que encontrará amigos en el camino, ya que es contagioso. La sonrisa hace que liberemos unos analgésicos naturales que actúan frente al dolor y el sufrimiento

¿Por qué ante una misma realidad objetiva las personas reaccionan de modo tan diferente? La explicación la encontramos en el almacén de serotonina y endorfinas, esas sustancias que libera nuestro cerebro cuando estamos alegres y hacemos cosas divertidas solos o en compañía. Si cuando llegan los momentos difíciles tenemos “nuestra despensa” llena las podemos consumir y funcionarán como un poderoso amortiguador del dolor y de la dureza de la situación que tenemos que abordar. Pocas veces usaré el término obligación, pero en este caso permíteme que te diga que debemos obligarnos a sonreír, a reír, así se supera mejor el dolor emocional y también el dolor físico. Participa siempre que puedas en todo lo que te haga reír, no te aísles de un momento divertido. Practica a diario el buen humor hasta hacerlo un hábito.

El buen humor es un estado de ánimo que “toca” toda nuestra forma de pensar, es por tanto, una forma de interpretar la vida. Debe ser trabajado y provocado, a veces, muchas veces, es aprendido desde la infancia. Y otras es bloqueado en ella…

El cerebro está programado para sobrevivir, por eso es más fácil eludir y evitar las situaciones que nos hacen daño y quedarnos ahí anclados y paralizados …que afrontarlas con entusiasmo y actitud positiva.

Cuando tenemos actitud positiva sonreímos mucho más y relativizamos las dificultades con las que nos encontramos. Esto es así porque nos ubicamos pronto en el escenario de las soluciones y nos desenchufamos de la negatividad. Si te gusta la idea pero no tienes en este momento la capacidad para lograrlo sin ayuda, búscala. Apóyate en alguien que te guíe en ese proceso. No lo dejes pasar y recupera lo antes posible tu sonrisa para beneficiarte de todas sus propiedades..

No te olvides acabar el día con un divertido recuerdo, un paseo con buenas vistas, en buena compañía y una amena conversación, una bonita película y por qué no, si tienes la oportunidad ¡¡organiza una sesión de cosquillas!!

¡Aprende a sonreírle a la vida, aprende a sonreírte a ti mismo, quiérete como persona única que eres!

Para terminar hoy te dejo estas bonitas palabras de Mahatma Gandhi:

“La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente se enoja, si yo me enojo; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí. El que quiera ser amado, que ame».




Siglo XXI Y Éxito Se Sigue Escribiendo Con “E” Minúscula

“Esta es una de las ideas en la que más has insistido en el curso que hemos terminado, M Jesús…” así se despedía hoy uno de mis alumnos. Y si, así es, porque desde que terminé mi carrera como Psicóloga lo compruebo día a día: estamos ya en 2015 y éxito se sigue escribiendo con e minúscula.

Son muchas situaciones cotidianas las que me hacen volver a recordar esta frase. Siempre he pensado que era muy acertada, al oírla y al leerla, pensé ¡qué gran verdad!. Por eso hoy le dedico el título de este post, uno de los primeros del blog de mi nueva Web.

Personalmente veo que son muchas las personas que con ilusión y entusiasmo se entregan a un propósito, a un plan. Ponen en marcha su pequeño negocio, asumen un nuevo puesto o, incluso, se entregan a la organización de una gran fiesta. Cuando lo hacen piensan sólo en ese gran resultado, en cómo quedará, en lo que ganarán, en lo que van a crecer con el resultado final, en cómo nos cambiará la vida y ¿hasta entonces? Lo que estamos haciendo hoy ¿de qué sirve? ¿para qué sirve? ¿sólo para ese mañana?. Pelean y luchan por llegar a ese MAÑANA y se olvidan de disfrutar del HOY.

Yo siempre les animo a que busquen ese “gran resultado”, que persigan logros con el máximo control, pero con una condición:

Que se detengan de vez en cuando a admirar y disfrutar de los pequeños avances

Les pido siempre que aprendan a disfrutar del camino porque están escribiendo los pequeños éxitos de su historia, personal y quizá profesional. De esa historia que acabará previsiblemente en un TRIUNFO, pero que pueden y deben aprender a disfrutar desde ya, porque esto les hará sonreír más y posiblemente sufrir menos en el recorrido.

ÉXITO es el producto de muchos pequeños éxitos ( E = e1 x e2 x e3 x e4 x … x en)

“Éxito siempre se escribirá con “e” minúscula”

Un aspecto importante a tener en cuenta cuando persigamos el éxito, es definir claramente qué entendemos por éxito y aquí la respuesta será tan diferente entre unos y otros, como lo es nuestro punto de partida.

En general, si que podemos decir que la frase “Tener Éxito” hace referencia a la obtención de un logro de modo excepcional, que sobresale de los demás, un triunfo.

Ahora no quiero desviarme, será en otro post cuando hable de lo peligroso que es “morir de éxito”, hay casos y ejemplos para llenar libros enteros.

El método de las personas que persiguen y alcanzan el Éxito está asociado a nuestra capacidad para:
(e1)Establecer metas y objetivos correcta y completamente
(e2)Ordenarlos en función de nuestras prioridades personales o profesionales
(e3)Elegir entre todas las opciones posibles, decidirnos por una. Tomar decisiones.
(e4)Accionar el botón de INICIO. Ponernos en marcha YA! Y disfrutar de los avances.
(e5)Realizar labores de mantenimiento de todas nuestras energías: emocional, física, mental y espiritual.
(e6)Férrea disciplina para avanzar pese a los obstáculos.
(e7)Revisión final. Celebración del Logro. Compartir. Ser generoso.

Cada paso que das en la dirección deseada, cada vez que consigues avanzar hacia tu propósito con un pequeño o gran esfuerzo., disfrútalo, sé feliz, has obtenido ya un éxito (e1). ¡¡Tu éxito!! y ese, nada ni nadie te lo puede arrebatar. Detente, sé consciente de él para después seguir avanzando.

Ya sabes, aprende a marcarte objetivos pues ahí empieza todo y después ten en cuenta que en el año 2016 Éxito seguirá escribiéndose con “e” minúscula y en el 2017 y …

¡Hasta pronto, persona de éxito!




La Influencia De Nicolás Maquiavelo

«NO ignoro que muchos han tenido y tienen la convicción de que las cosas del mundo son dirigidas por la fortuna y por Dios; que los hombres, con su prudencia, no pueden corregirlas, ni cuentan con medios para hacerlo, por lo que pueden caer en la tentación de dejarse llevar por la suerte y que no es útil esforzarse para cambiar las cosas.» Así comienza el capítulo XXV de El Príncipe de Maquiavelo.

Esta magnífica obra de principios del siglo XVI, sigue siendo reomendada en las mejores Escuelas de Negocios como lectura ejemplar y ejemplificadora de la figura de un líder. A mí misma me hubiera gustado que mi profesor en la universidad, en lugar de su primera clase teórica sobre los Recursos Humanos y el liderazgo, me hubiera sugerido la lectura de este libro y posteriormente analizarlo en asamblea en el aula.

Maquiavelo, hace casi 500 años (se estima que la obra fue escrita en 1512) nos habló de la importancia de centrarnos en realidades y no en situaciones idílicas, no experimentadas. Encontramos un verdadero manual práctico para todos los que queremos acertar en nuestra gestión de personas. Es fácil extraer las hoy llamadas competencias de un líder.

Este fin de semana lo he vuelto a releer y ,de nuevo, siento la necesidad de regalarlo, de sugerir su lectura.Hay que tener en cuenta el entorno en el que se escribió y también la retórica propia de la época.

Es importante recuperar y aplicar los valores y virtudes que Maquiavelo nos presentó con indudoso ingenio y pluma hábil. Algunos ejemplos de ello son: » un príncipe» debe poner al servicio de los demás la fuerza, la audacia, el dar ejemplo, la astucia, la lealtad…

Volviendo al inicio de mi exposición, o lo que es lo mismo «sentarme a verlas venir» porque poco puedo hacer yo por cambiar mi propia circunstancia, ahora si que tenemos herramientas y recursos.

No seamos cómodos, hay que salir del círculo de la NO iniciativa. Tomar las riendas de nuestro propio desarrollo personal. Seamos «Príncipes» de nuestro territorio, no olvidemos a los clásicos.




Miopía Personal Y Profesional

Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho

Auguste Rodin, escultor francés 1840-1917

¿Nos enriquece la diversidad de opiniones? Yo estoy convencida de que si, y sin embargo muchas veces actuamos como si nos incomodara ¿por qué?

No creo que exista otra forma mejor de aprender, de evolucionar y crecer. A diario, participamos en numerosas conversaciones de las que podemos extraer grandes conocimientos. Unas veces estos conocimientos son de fácil e inmediata aplicación y otras no tanto, pero siempre el intercambio de puntos de vista nos permite ampliar nuestra visión. El sano ejercicio de escuchar a otros con la mente abierta antes de comenzar a juzgarlo por lo que dice, o parece que quiere decir es, sin duda, el mejor método para vencer una postura rígida que nos lleve a la miopía personal o profesional.

A veces nos sumamos por comodidad a la opinión de otros sin estar totalmente de acuerdo, es lo que nos resulta más fácil en ese momento. Esto puede ser una estrategia útil si se trata de un tema de poca trascendencia para ambas partes. En otras ocasiones nos oponemos a la opinión de otros simplemente porque “nos cae mal”, porque una vez anterior erró en su argumentación o no acertó…

También observo que en muchas otras circunstancias lo que nos lleva a oponernos a los demás es el puro placer. Si, el puro placer de demostrar que sabemos más de un tema, que estamos más preparados, que tenemos más datos que los demás…

¿Cuántas oportunidades no llegamos a ver por no estar atentos a lo que otros nos pueden aportar?, ¿cuántas otras oportunidades no llegamos a ver porque no ponemos interés o simplemente no nos apetece pensar?

Tanto si no escuchamos a los demás, si caemos en la comodidad, como si no exponemos abiertamente y de forma constructiva nuestra forma de pensar y nuestras ideas, el resultado es la MIOPIA PERSONAL y ello nos lleva irremediablemente a la MIOPIA PROFESIONAL.

La miopía (RAE: f. cortedad de alcance o de miras) lleva a un mayor número de conflictos con los demás. También nos impide gestionar nuestros propósitos de modo completo, nos lleva a tomar decisiones no acertadas, a dilatar más los tiempos para obtener resultados, en definitiva, nos lleva a ser menos eficientes.

Por suerte podemos elegir hacer de modo completo o con miopía.