¡SOS, Tengo Que Hablar En Público!

¿Cuántas veces te has quedado sin dormir o te has desvelado por no saber cómo enfocar una charla, presentación o simplemente porque sabías que tenías que dedicar unas palabras a alguien conocido?

A este miedo escénico o miedo a hablar en público se le llama GLOSOFOBIA.  Los expertos dicen que la padece entre el 60 y el 75% de la población.

Suelo sonreír cuando recuerdo alguno de mis talleres de hablar en público o de desarrollo de habilidades docentes donde al inicio alguien se me acerca y me pide por favor que no le haga hablar, que viene a aprender, pero no quiere intervenir. Obviamente le pongo cara de sorpresa, le sonrío, le acaricio el brazo…. Y después… efectivamente, NO LE HAGO CASO. Pido perdón a todas esas personas que hoy seguro que son amigas, y que nuestra amistad empezó poniéndolas en apuros.  También les doy las gracias, las gracias porque pasamos muy buenos momentos.

Tanto si tenemos que intervenir en reuniones, participar en un debate o hacer una presentación ante un pequeño/gran auditorio, vencer el miedo a hablar en público es necesario.

Vencer la ansiedad que genera la exposición al público y ganar en autoconfianza son dos áreas de intervención que a nivel personal debemos tener superadas.

Hoy, es imprescindible saber idiomas, dominar las TICs y de las Redes Sociales, y además Saber Hablar en Público, no nos olvidemos de ello…

Nos gusta nuestro trabajo, sabemos que somos personas expertas en una materia determinada, sería egoísta quedarnos con ese saber y saber hacer. Podemos aprender a transmitir nuestras ideas, experiencias y conocimientos de modo atractivo para el oyente, sólo tenemos que prepararnos para ello. 

Existen técnicas para mejorar nuestra oratoria, pero siempre tenemos que empezar por mejorar nuestro modo de relajarnos, de activarnos y potenciar nuestro autoconocimiento, la organización de la información, darle una estructura lógica. Y sobre todo tener en cuenta el tiempo del que disponemos.

Vencer la glosofobia, el miedo escénico y mostrarnos como oradores expertos, es más fácil de lo que piensas y también absolutamente imprescindible para sentirte cómoda/o en más situaciones de la vida cotidiana, además de que nos permite (si es lo que queremos) ocupar un puesto importante en la empresa.

Si tienes un espejo a mano, música para relax, una grabadora de video/audio, libreta y boli, puedes empezar.

En el próximo post, continuaré con este tema.

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La No Expresión De Nuestras Emociones

Hoy quiero hablar de un concepto del que se habla mucho en determinados círculos, pero que todavía no está muy difundido y sin embargo convive entre nosotros, es el concepto de “Analfabetismo emocional”.

Se suele entender que una persona analfabeta es aquella que no sabe expresarse mediante la palabra escrita y no tiene desarrollada la capacidad lectora mínima. Entendiendo así el analfabetismo, a nivel emocional tenemos a las personas que no saben expresar sus emociones y tampoco saben entender las emociones de los demás, no sólo las emociones más complejas sino las emociones más básicas.

Todas las personas nacemos con un potencial emocional que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Inicialmente al nacer, todos tenemos la misma capacidad de expresar nuestras emociones, podemos decir que el lenguaje de las emociones es universal ( salvo que exista alguna lesión o enfermedad diagnosticada que lo imposibilite). Una persona ciega sonríe de nacimiento, se sorprende, muestra el miedo, el asco… O hace el gesto de prestar atención exactamente igual que el resto de personas que sí tenemos el sentido de la vista intacto. Esto es una muestra de que la expresión de las emociones es universal, ahora bien, a lo largo de nuestra educación, de nuestra evolución vamos reprimiendo unas emociones y /o dando paso a una combinación entre las emociones básicas que nos hace ser más o menos inteligentes emocionalmente, y esto nos hace muy diferentes unos de otros.

Somos analfabetos emocionalmente cuando nos faltan los recursos psicológicos para “manejarnos sin sufrimiento” en la mayoría de situaciones cotidianas, cuando no tenemos una reacción serena y equilibrada ante los hechos que acontecen a nuestro alrededor, cuando no practicamos la autoconciencia, cuando no dedicamos el tiempo suficiente a conocernos y desarrollar esas habilidades personales y sociales que nos permitan tener relaciones sanas con los demás.

Las personas con un elevado grado de analfabetismo emocional se identifican no sólo por su INCAPACIDAD PARA DECIR  “TE QUIERO” o “te echo de menos”, sino además por tener al menos dos o tres de los siguientes síntomas fácilmente objetivables:

  • Rigidez mental “Eso es imposible”, “yo soy así”.
  • Necesidad imperiosa de tener siempre la razón y hacerlo saber a los demás.
  • Falta de autocrítica: “no puedo ser mejor, no entiendo por qué no me lo reconocen”.
  • No saben escuchar, ni lo intentan… Los demás no tienen nada interesante que contar.
  • Egocentrismo, practican “el y yo más”, pues “anda que a mí”, “eso no es nada… si yo te contara…”
  • Irascibilidad constante y ataques de ira no manejados.
  • Están en perpetuo bucle “ira-decepción-ira-decepción…”
  • Labilidad emocional intensa o inestabilidad de ánimo (lloro-risa-lloro-risa), cambios de humor de modo súbito y desproporcionado.

Los sentimientos negativos que tenemos cuando no manejamos adecuadamente  nuestras emociones nos impiden ser totalmente felices. A veces, esa torpeza emocional reconocida e identificada pero de la que no sabemos salir… Nos somete, nos secuestra y entonces, ¿ahí nos queremos quedar? Estamos en el siglo XXI, ya llevamos dos décadas… Ahora es mucho más fácil encontrar soluciones, encontrar apoyo para mejorar nuestra inteligencia emocional. Hace 30 años, era más normal ser presa del analfabetismo emocional, hoy no, queda mucho por hacer, ciertamente, pero se han dado y se dan pasos importantes en el terreno educativo y en el clínico.

…y sacrificamos lo que más esfuerzo nos supone… tenemos que encontrar ese tiempo consciente y útil, ese tiempo que nos llevará a ser más felices, a nosotros mismos y a nuestro entorno.  Las prisas por ser popular, por se conocido/a, reconocido/a… nos hacen olvidar la parte emotiva de nuestra vida, nos impiden una relación serena y en paz con nosotros mismos y con los demás.

Hay una gran noticia y es que el lenguaje emocional se desarrolla durante toda la vida. Se aprende y se desarrolla o se reprime y oculta en cada actuación, en cada situación que tenemos que manejar, cuando le estamos dando forma a nuestros pensamientos, y por supuesto en interacción con los demás. Si vivimos 90 años, tenemos la oportunidad durante esos 90 años de ser cada día más inteligente emocionalmente.

¡¡STOP!! Para y repara. Vamos a chequear nuestra capacidad de expresar las propias emociones, de comprender las de los demás… Y hagamos un hueco al aprendizaje y desarrollo de nuestra inteligencia emocional. Convirtámoslo en un hábito para reforzar a diario las relaciones sanas con nosotros mismos y con los demás.

Un abrazo muy fuerte, y recuerda que eres muy importante para mí.

Hasta pronto. Estoy convencida de que, si te ha gustado, lo vas a compartir.




A Veces Te Aferras A Un Viejo Disfraz

NO se si a ti te pasa, pero para mi las vacaciones y cualquier viaje son la combinación de muchas cosas, es un cóctel de nerviosismo e ilusión, activación y agotamiento. Muchas cosas por preparar, muchas cosas por controlar… pues así estoy yo ahora.

Estos días estoy preparándolo todo para disfrutar de unos días de desconexión. De momento ya he elegido la lectura que quiero llevar a mi viaje, los dos libros para este mes, uno para releerlo y sacarle más jugo y el otro para empezarlo por fin tras varios meses de pasearlo sin abrirlo. Por supuesto los dos en papel.

El tema de la música ya es más difícil, quiero acertar con la música que me lleve para no depender de internet, no quiero tener la necesidad de conectarme. Hay multitud de autores, multitud de grupos que me llevaría en la maleta, pero me gusta elegir, llevar una selección  que al escucharla me transporte al escenario que yo deseo. Por ello estoy escuchando letras de canciones, captando el sentido, su mensaje… son cancianos que hasta ahora solo he tarareado, o quizá bailado en mi mente o con mis pies… me ha parecido bonito compartir esto en mi post de hoy. Quiero hacer referencia a Diego Torres, especialmente a tres de sus canciones.

Una es “La vida es un vals” tiene unas frases preciosas. ¿te has dado cuenta? Si no la conoces, te invito a que la escuches, prepara una bebida refrescante o una infusión, ponte en postura cómoda y bebe su letra.

Verás que nos dice que le hagamos un nuevo traje a nuestros sueños, que cuando los sueños se conviertan en cenizas, pensemos que…

Hoy puede ser …  que todo empiece a cambiar y lo mejor está por llegar…

Verás como todo viene y va, un paso adelante y otro atrás…

¡NO lo pienses, simplemente hazlo! ¡Comienza ya! Cuando sientas desde dentro la necesidad de hacer algo por ti misma, por ti mismo, no le des más vueltas, da un primer paso, el resto irá fluyendo, delante de ti irás viendo esa nueva realidad, eso que tu corazón ha decidido construir, como dice la canción piensa que…

La segunda canción que he decidido reescuchar entendiendo su letra es la de “Andando”

En ella Diego Torres nos invita a que seamos nosotros mismos con frases como estas

“Sé que no soy el mejor, tampoco el peor…”

“No quiero fingir, no voy a mentir…”

Debemos desarrollar el autoconocimiento,la seguridad y la autoconfianza. Tenemos que querernos mucho más de lo que lo hacemos habitualmente.

Cada vez que te encuentres tomando decisiones para “agradar  a terceras personas”, haciendo cosas porque les va a gustar más, les encaja mejor  o es lo que esperan de ti, estás simplemente dejando de ser tú. Si lo haces a menudo o en la mayoría de los casos… Entonces… es difícil que seas completamente feliz.

¡¡Saca el ser auténtico que llevas dentro, sé la persona que eres!!

La tercera canción de Diego Torres que he decidido llevar en mi equipaje es “Que no me pierda”.  Es una canción que  también me ha hecho reflexionar sobre lo auténtico y lo superficial. Reflexionar sobre a lo que le debemos dar importancia y a lo que no…

Nos dice frases como estas…

Que no me pierda en el aplauso indiferente de esa gente que aparenta conmigo.

Que no me pierda en la duda.

Que no me pierda en el aire cansado de respirar…

¡Gracias a Diego Torres por su música, por sus letras!

Muchas veces ante una circunstancia adversa la convertimos en un drama y no tenemos derecho a ello.

Ante un drama es legítimo hundirnos, sentir que el mundo se acaba y esto dura un tiempo que tenemos que saber ir resolviendo con recursos propios y diferentes ayudas,  es legítimo…

Lo que a diario nos hace estar tristes y ver solo “el lado oscuro” de las cosas son esas circunstancias adversas que nos suceden en el día a día “porque estamos vivos y nos movemos” “porque estamos vivos y nos relacionamos” y esto unido a esa gran habilidad que todos desarrollamos que es la de adivinar lo que pasará ahora… fabricamos un cóctel dramático que muchas veces mata cualquier ilusión… O no??

Pues, basta! Fíjate en la infancia, los niños y niñas cuando juegan ponen pasión, fantasía e ilusión… aprendamos, aprendamos mucho de la infancia.

Bueno, creo que voy a elegir alguna música más y seguir con mis maletas hacia la deconexión…

Por tierra, mar o aire, en azul, en verde o en marrón, con traje o en bañador… disfruta de ser tú, de tu gente, de tu tiempo… para y repara.

HASTA MUY PRONTO.

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Sentirse Parte Importante De Un Proyecto

“Pues invierte tu tiempo y dinero en tener una mejor comunicación, más transparente, más cercana y motivadora con tus equipos… y que todos tus jefes de equipo/ de sección o departamento lo hagan también”

Con estas palabras contesto casi todos los días a alguna persona (y desde hace muchos años…) cuando me hacen la consulta de que “no saben ya que hacer para mejorar sus resultados empresariales”. Tanto si se trata de un jefe con su equipo como de un empresario con las personas de su mediana o gran empresa, 

Tras unos resultados negativos continuados en el tiempo, siempre encontramos fallos de comunicación, bien con clientes, bien con proveedores o partners…pero sobre todo con los empleados, con esas personas que llevan ya un tiempo en la empresa y a las que en silencio se les ha pedido que se adapten y se sumen a todos los cambios, sin darles demasiadas explicaciones… y esto no es tarea fácil.

Analizando las causas, de modo habitual encontramos un momento donde si hubo buena comunicación, algo la rompió, algo hizo que se actuara como si se hubiera roto la confianza que existía antes, sin embargo, cuando pregunto directamente, me encuentro con que NO, no es así… simplemente alguien comenzó a mirar hacia otros horizontes y la comunicación se enfrió y se enfrió más… y más…y ha ido desapareciendo, hasta hacerse inexistente. ¿Te suena? ¿Has vivido o estás viviendo una situación así?

Otras veces lo que sucede es que la empresa ha tenido un crecimiento a una velocidad difícil de digerir, el ritmo rápido de trabajo, la incorporación de nuevas personas al equipo, la atención a las apremiantes exigencias de los clientes, etc… hace que dentro todo tenga que fluir para satisfacer la necesidad de obtener resultados, ¡Et Voilà! ¡Hecho! muchas veces se consigue y vamos tejiendo un disfraz: el disfraz del éxito.

Está sobradamente demostrado que no sirve de nada invertir en mejorar tu Marca, generar unos manuales de diseño, decorar tus instalaciones de modo innovador… si estás descuidando lo que sucede con tus equipos.

Si existen personas tóxicas en los equipos, con cargos de jefes o empleados de base, hay que sacarlas de la compañía, ¡¡cueste lo que cueste!! Pero si no lo son, que la mayoría no lo son, hay que invertir en ellas para que estén a gusto, para que den lo mejor de sí mismas: su sonrisa, su compromiso y confianza.

Pon de tu parte para que así sea, estés en el lado que estés, quedarte en el plano de la observación, no te llevará nada más que a enquistar algo que ya no funciona. La responsabilidad es compartida. Si eres el dueño de la empresa, el jefe del equipo o simplemente el empleado al que se exige esa adaptación rápida y difícil y que sientes el distanciamiento de tus superiores…. haz tu parte, antes de que sea demasiado tarde.

Te invito a la reflexión.

Gracias por leerme y, ya sabes, si te ha gustado comparte.




Llegar A Tiempo

Hoy he decidido que mi post, sea un relato, quizá las fechas próximas me inviten a ello, diciembre es un mes… diferente, las primeras luces de colores, los primeros villancicos… y los recuerdos, los sentimientos, las emociones… quiero que este relato nos invite a la reflexión…

“Lo había decidido a principios de semana, ese viernes era el día, por eso ya iba andando por la calle, acercándome al lugar de encuentro sin saber si iba a estar, sin saber si se acordaría de mi y tampoco tenía claro si iba a ser bien recibida, si se alegraría de verme… todas estas dudas rondaban por mi cabeza mientras caminaba lentamente hacia la farmacia de referencia, junto a ella estaba situada su vivienda. Mis emociones eran un mestizaje entre obligación y compromiso moral.

Me acerqué a su portal, o eso creía yo, el último día que la vi, me pareció que señalaba a esa ventana, eran las 12.00h, paseaba por la calle con su sillita y me dijo – esa es mi casa, esa mi ventana por la que veo la calle a diario y está abierta para ti, siempre que quieras. Yo le dije: el viernes que viene si puedo, sobre esta hora vengo y me tomo un café contigo, ¡yo traeré pastelitos! -allí estaré, te espero-dijo ella-.

Ya era la tercera vez que llegaba hasta ahí, de nuevo busqué su nombre en los pulsadores de los timbres para poder llamar, no encontré nada, ni una pista, miré hacia la ventana… entonces miré la hora y vi que en realidad solo podría estar unos minutos, tenía algo de prisa, y una vez más, decidí que ya iría otro día, hoy se me hacía tarde, se me hacía tarde para conversar tranquilamente, otro día iría con más tiempo, hacía casi 6 meses  y me sabía mal ahora ir con prisa, pero no podía cambiar nada del resto de mi agenda, todo era muy importante, incluido hacerle la visita, por supuesto pero… el resto de cosas eran más urgentes, o eso pensé yo.

7 días más tarde volvía a ser viernes, ese día en el que yo no suelo viajar, que estoy en el despacho y en casa organizando cosas, haciendo informes, manteniendo reuniones telefónicas y planificando la semana siguiente. El reloj marcaba ya las 11.45 y no había decidido si iba a salir a la calle o no, y si salía, no sabía si por fin realizaría esa visita. Tan sólo dos calles me separaban del lugar de encuentro, era una visita de cortesía, que me apetecía mucho, pero no tenía un Gran objetivo, sin embargo….quería ir… pero también esa mañana era buen momento para que yo fuera a la peluquería, si llamaba y tenía turno, era necesario ya que debía llevar mi pelo en condiciones la semana siguiente y además solucionaba también el sentirme bien para la cena que tenía ese sábado, así lo hice. Llamé y me hicieron hueco en la peluquería, tomé una ducha rápida y a las 15,30h salía ya con mi pelo cortado y mis mechas relucientes, tal y cómo yo quería. No era hora de molestar a nadie con mi visita, así que el próximo viernes lo volvería a intentar, entré en el horno más cercano, elegí mi empanadilla entre un montón de opciones, salí saboreándola y me fui a casa a descansar un poco, al fin y al cabo, había sido otra semana muy ajetreada y agotadora como siempre pasa a final de año, ya habría tiempo para ese café.

Hoy si, hoy sería el día que por fin me tomaría ese café, buscaré hasta dar con su domicilio, llamaré y subiré a tomar el café, antes pasaría a comprar unos pastelitos, pero esta vez no me los comeré yo sola, sino con ellas.

Salgo de mi casa decidida a tomar ese café, voy wasapeando por la calle, sorteo a unos niños jugando, sorteo también una ambulancia que con sonido ensordecedor pasa delante de mí, me espero, la dejo pasar y sigo mi recorrido  hacia la pastelería, estoy pagando mis pasteles y siento como una punzada en mi corazón, la ambulancia está parada en el mismo portal al que yo voy, voy a ver a mi amiga, a la única que está todavía en condiciones de conversar y tomar un café con otra amiga, conmigo. Ellas eran 4, cuatro amigas siempre juntas, ella es la más joven o eso creo, me lleva más de 40 años y yo ya superé los 50, ella es la más joven, tiene más de 90 años…

El tiempo de guardar el cambio tras comprar los pastelitos se me hace eterno, de repente en mi se agolpan los recuerdos y genero como un túnel del tiempo donde recuerdo cada sonrisa, cada apretón de manos que le he dado cuando la he visto tomando el sol, en su sillita, su sillita de ruedas, en el banquito de la esquina donde la chica que la cuida la pone para que la vitamina D haga su papel.  Esa sonrisa sana, de agradecimiento, yo siempre le decía que esos pendientes de perla me los tenía que dejar, que me gustaban mucho a la par que la hacían más elegante, que me gustaba verla recién llegada de la peluquería.

Mi corazón se para, el personal sanitario no me deja pasar…. Estoy en su portal y siento la necesidad de preguntar qué ha pasado, a quién… hay varios vecinos y nadie sabe nada. Espero con la ambulancia en la puerta, los enfermeros han subido…la bolsa con los pastelitos me pesa mucho, la aprieto contra mi pecho, ya salen…. Sacan una camilla… no quiero mirar… me alejo un poco, una lágrima, la primera recorre mi mejilla, la inicial sensación de impotencia deja paso a la tristeza, he apretado tanto la bolsa con esos pastelitos que llevo manchada las manos, la ropa… Mis piernas se hacen frágiles… odio la peluquería, mis reuniones, mis urgencias que no me dejan hacer lo importante, las excusas que me he puesto cada viernes que no he venido a verla, ahora ya da lo mismo…. nunca sabrá que he pensado en ella cada semana, los últimos seis meses… ya no me podrá dejar sus pendientes de perla…

Los enfermeros salen del portal y piden que nos retiremos un poco más, cruzo de cera… no quiero mirar… me he puesto las gafas de sol para ocultar mis lágrimas… siento un fuerte dolor en el pecho… estoy mirando de reojo la escena delante de mí, todo va muy rápido, muchos vecinos se acercan a curiosear…y en ese momento me tocan por la espalda y es ella, ella con sus pendientes de perla , va en su sillita de ruedas, bien elegante ,viene de la peluquería y sólo me dice: «¡¡Hola guapa, te estaba esperando!! Hoy es viernes, tengo el café preparado, sabía que ibas a venir».

De esto hace ya cuatro meses y ya hemos tomado 4 cafés, y hablamos por teléfono todas las semanas. Ese día supe que, desde hacía 6 meses, cada viernes preparaba su café, salía a primera hora a ponerse guapa en la peluquería, al volver ponía la mesa con las pastas de té, después permanecía junto a la ventana mirando a la calle y así hasta la hora de comer, entonces lo retiraba en silencio, sin reproches y seguía su rutina diaria hasta el siguiente viernes.




¡Necesito Que Ejerzas De Jefe, Por Favor!

¿Desde cuándo definir objetivos, marcar directrices, establecer normas e indicadores de gestión y evaluar el desempeño está pasado de moda? Seguramente tu respuesta, igual que la mía, es ¡desde nunca!

Hoy, en este post quiero destacar la importancia de hacer todas aquellas funciones que nos permiten poner orden y dar coherencia a lo que sucede o necesitamos que suceda en nuestro entorno.

A finales de los 80, cuando terminé la carrera y empecé mi andadura por el mundo de los RRHH, quizá se jefeaba mucho y de un modo casi al 100% unidireccional. NO existía en la mayoría de los casos la posibilidad de rebatir o de aportar opinión alguna, ¡¡hay que hacer esto así y punto!! este era el modo mayoritario de instruir a los equipos, de “hacerlos crecer”. Desde entonces ha llovido mucho… y las cosas han cambiado, pero no me atrevo a decir que solo para bien. En aquél momento los límites estaban marcados, aunque no nos gustasen, aunque existiera falta de margen de maniobra, pero era fácil saber lo que “SÍ que podías hacer y lo que NO podías hacer”, y esto ¿qué tiene de negativo?

Desde mi experiencia personal trabajando con la Gerencia y con otros niveles más ejecutivos, actualmente pienso que es necesario reforzar las funciones propias de ser jefe, de ser responsable de equipo. Si pasamos directamente al “tú sabes lo que tienes que hacer y no me defraudes, cuento contigo, cuenta conmigo y confío en ti” soltamos una gran responsabilidad sobre las otras personas que no siempre son bien acogidas o bien gestionadas.  Las personas necesitamos referentes y directrices claras, al menos al inicio de una nueva tarea o al asumir una nueva responsabilidad.

Cuando contratamos a personas muy capacitadas para ocupar un puesto, son demasiadas veces las que son expuestas a su nuevo puesto sin instrucciones concretas y precisas de lo que esperamos de ellas y de los apoyos que pueden tener. Como si de un “bestiario” de la Antigua Roma se tratara los soltamos en un ruedo desconocido, un ruedo al que no están habituados y en el que se sienten neófitos y sin orientación. El clima general de la organización y el nivel de satisfacción de sus compañeros harán lo su jefe no hará: ofrecer pautas de acción válidas y aceptadas por la comunidad.

Si esto es así, ¿dónde está el error? La nueva persona incorporada, será acogida e instruida en lo que se puede hacer y se debe hacer en la organización. Puede que no encontremos ningún error y que todo vaya en la dirección correcta, entonces, será perfecto.   Si por el contrario, esto no es así, precisamente las instrucciones que recibe, los ejemplos que tiene de sus referentes no le trasmiten lo que la empresa necesita, no son fiel reflejo de lo que nos hubiera gustado… podremos dar marcha atrás, claro que sí, pero no sin pagar la factura por ello.

Es muy importante que pongamos el foco en presentar con claridad los objetivos del puesto a ocupar, dar instrucciones precisas, ofrecer pautas de actuación concretas, establecer límites, definir el margen de maniobra, los plazos de ejecución y sobre todo a hacer seguimiento de los primeros días, semanas o meses.

En función de la complejidad del puesto a ocupar, reservaremos un hueco importante en la agenda para estar “jefeando” y también “liderando” a la nueva persona incorporada.  Si lo hacemos, generamos confianza porque la persona gana en seguridad, esto,  sin duda, hará que la persona inicie su andadura con nosotros de modo más  feliz y productivo.

¿Encuentras alguna forma mejor de generar confianza que dedicar tu tiempo, ser  una persona transparente y cercana?

Y, una pregunta más, ¿encuentras algo que supere a la Confianza como motor para obtener la implicación de las personas?

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¡Hasta pronto!




Y Hoy… ¿Qué Excusa Busco?

Todas las personas en algún momento usamos los pretextos para justificar nuestros errores o faltas.  El cerebro necesita estar en paz consigo mismo y una de las formas que tiene para lograrlo   es fabricar un pretexto, darle forma y luego repetirlo hasta que se lo cree… y así tantas veces como sea necesario a lo largo del día, de la semana, de la vida…

He comenzado diciendo que “todas las personas” y a lo mejor tú no necesitas hacerlo, si es así ¡¡mi enhorabuena!! Este artículo no te resultará útil ni te hará reflexionar.

Si, por el contrario, como el resto de los seres humanos alguna vez o muchas veces has recurrido o recurres a las excusas para salvar situaciones cotidianas, debes saber a dónde te llevan: ¡¡a ningún sitio!!

Echar la culpa a algo que está fuera de nuestro control es una bonita manera de quedar bien, de seguir siendo populares o de salvar una venta (si es la circunstancia).

Pretextos, son frases como estas:

“No fui a verte porque no tuve tiempo”

“No te he preparado lo tuyo porque he ido muy liada”

“No te he llamado porque no sabía qué decirte”

“No te he hecho la propuesta porque el proveedor no me ha pasado precios”

Inicialmente disfrazamos el miedo con las excusas… hacerlo para salvar una situación, es lógico, es normal y hasta legítimo, pero si se convierte en práctica habitual, entonces tenemos un problema. Tenemos un problema primero de actitud irresponsable y después de relación con los demás.

Te imaginas llegar a una entrevista de trabajo tarde y decir “Es que no encontraba sitio para aparcar, esta zona está fatal” (culpable: urbanismo)

Te imaginas llegar a una visita comercial tarde y decir “Es que no encontraba la nave de la empresa, como es un polígono nuevo”(culpable: la ubicación)

Qué has pensado tú cuando necesitabas de alguien y te has encontrado con un …“no sabía qué decirte y por eso no te llamé” … (culpable: la ausencia de palabras)

Lo mejor que puedes decir, es

“Como salí tarde de casa, llegué tarde” (no me organicé el tiempo bien)

“Como tuve que pasar hoy por la oficina a por el catálogo porque ayer no lo preparé y además no comprobé donde estaba esta empresa, pues esa es la causa (que no la excusa) de llegar tarde” (no repasé ayer con tiempo si lo llevaba todo)

“Como era una situación incómoda para mí, no te llamé” (poca asertividad, poca empatía)

Las excusas siempre encierran insatisfacción con lo que hacemos o con lo que dejamos de hacer, por eso para ser más feliz, tener una vida más plena y positiva debes ir minimizando su uso. Pon el foco en dejar de usarlas, que no sea tu modo principal de relacionarte con los demás.

Para evitar el autoengaño al que te llevan las excusas, determina tus para qué. Para qué usas las excusas, para quién, o para quiénes, pon el foco en dejar de hacerlo. Establece un plan y a por ello. No dejes que se convierta en hábito.

Busca otros modos de tener en paz tu mente, se coherente contigo mismo, contigo misma. Haz lo que quieres hacer, di lo que quieres decir. Reflexiona acerca del impacto que va a tener, y entonces cuida como lo dices, pero dilo; cuida lo que haces, pero hazlo.

Con estas pequeñas pautas, tendrás más salud, tendrás que recurrir menos “a la química”, te sentirás mucho mejor si lo haces, serás mejor profesional y quizá mejor persona, la primera beneficiada será tu sonrisa, ¡¡te acompañará más!!

¡Hasta pronto! Si te ha gustado comparte.




De Regreso A Casa En Mi Vagón De Tren

La semana pasada, en uno de mis viajes a Madrid, subida en el tren, sentada en el asiento de mi vagón tuve la oportunidad de vivir situaciones divertidas y “públicas” que me hicieron reflexionar acerca de muchas cosas, entre otras me hicieron reflexionar acerca de la capacidad que tenemos las personas de escuchar o mejor dicho de NO escuchar.

Todavía no habían pasado ni 5 minutos desde que me subí a ese tren que me debía devolver a Valencia tras tres días de formación, cuando ya empezaba a arrepentirme de no haber cogido el vagón del silencio. Era un horario que no suelo frecuentar, era más pronto de lo habitual y multitud de conversaciones simultáneas generaban mucho ruido, ruido que se me hacía cada vez más insoportable, “es insufrible” – me dije a mi misma.

En un primer momento comencé a soplar y a generar un sinfín de pensamientos negativos dirigidos no tanto a las personas que ocupan los asientos del vagón sino a la propia situación. Cogí mi libro, mis auriculares y mi bolso y me dispuse a buscar un vagón “menos ocupado” pero mis intentos no dieron el resultado deseado, fui a cafetería e infusión en mano comencé a oír alguna de las conversaciones que en ella se estaban manteniendo. Los temas eran variados, pero esto es lo más irrelevante, lo que si es cierto es que me di cuenta de que nos cuesta escuchar. Nos cuesta profundizar en los temas que preocupan y ocupan a los demás, participamos con cortesía en las conversaciones, esto es:

Y a esto lo llamamos escuchar, es posible que sea escuchar, pero no es una escucha activa, una escucha que nos haga buenos conversadores…

Participé con mi silencio en numerosas conversaciones cruzadas, primero entre los cafeteros que tomaban un tentempié en el vagón cafetería y después ya de regreso a mi asiento, tuve la oportunidad de ser testigo de muchos más monólogos cruzados.

Me pareció curioso cómo podemos llegar a elaborar nuestro discurso de modo que nos preguntamos y contestamos nosotros mismos, después nos basta un simple “ajá” de nuestro oyente cada 80-100 palabras para seguir hablando.

Me pareció curiosa la conversación entre quienes no se conocían antes de sentarse en el vagón y que con la mirada puesta en el niño de cabello rizado y ojos negros que se aburre y no para de correr entre los asientos, acaban viendo fotos de toda la familia de su compañero o compañera de viaje y comentando lo lejos que han llegado, el éxito que han tenido, en su Erasmus, en su ….

Todo lo que oí, ví y escuché, una vez que cambié mi chip, me aportó mucha información útil, útil para mi como persona y útil para mi profesión.

Comparto contigo algunas conclusiones:

  • Aprovecha para aprender preguntando más y hablando menos.
  • NO des consejos salvo que te los pidan.
  • NO repitas una conversación (telefónica)que la otra parte ya ha escuchado.
  • Baja el volumen de voz cuando estés en espacios cerrados, quizá a las demás personas no les interesa tu conversación.
  • Primero interésate y luego serás interesante.
  • Crece en cada conversación, ocúpate en profundizar en los asuntos haciendo al menos tres preguntas.
  • Piensa si utilizas mucho en la misma conversación, “ si… ya … pero…”
  • Rompe con los monólogos cruzados, entrénate en el arte de la conversación.

Aprendamos a preguntar y a prestar atención a las respuestas.

Gracias, hasta muy pronto. Si te ha gustado comparte.




Decálogo Para Aumentar Nuestra Felicidad Personal




Lo Más Importante Ya Tiene Su Puesto: ¡El Primero!

O lo que es lo mismo, empieza por lo primero. Qué fácil es escribirlo ¿verdad?, llevarlo a la práctica no lo es tanto.

La mayoría de las personas pasamos mucho tiempo teorizando y pensando en cosas que nos gustan, en lo que nos gustaría que sucediera. Sin embargo está demostrado que dedicamos muchos más tiempos a pensar en lo que nos falta para ser felices que en lo que necesitamos hacer para lograrlo.  Vemos el camino a recorrer… pero no siempre emprendemos el camino hacia ello.  No siempre accionamos el botón de INICIO.

Hay personas que no saben lo que quieren hacer ni lo que quieren vivir, otras muchas pese a saberlo, no encuentran el momento de empezar.  ¿Por qué sucede esto? Porque creemos que hacer unas cosas es renunciar a otras, y no siempre es así. Quizá hacerlo todo sea menos cómodo, tengamos que dormir menos… o perder menos tiempos en lo  que no es importante. Pero al final encontramos la recompensa.

Debemos APRENDER A PONER  EL FOCO en lo que queremos ser, hacer o lograr en el corto, medio o largo plazo. Y entonces planear cómo llegar.  Esto nos hace más felices, mucho más. Desde aquí hoy quiero invitarte a que descubras tu pasión y vayas hacia ella. Decide qué es lo que más te hace sonreír, lo que más te llena y busca momentos al día para hacerlo, o para ir cambiando tus rutinas no importantes, desplázalas por las importantes para ti.

Hay partes de nuestras vidas que no podemos elegir, por ejemplo nuestro pasado, esto ya nos acompañará siempre, no podemos actuar sobre ello. Mira con otra actitud lo que no puedes cambiar o aun pudiendo cambiarlo el riesgo que tienes que asumir ahora decides que no es el momento. Es legítimo, pero no actúes con resignación.

Dejemos de tener actitudes derrotistas, actitudes que nos alejan de disfrutar del momento. Practica con más asiduidad la actitud generosa de ser una persona positiva.  Determina que lo primero es lo primero, con tu persona, con tu familia, en el trabajo, con tu equipo o tus compañeros.

Estos días en un viaje que acabo de hacer al extranjero, me ha llamado la atención algo muy interesante, todas las personas  con las que me he cruzado por la calle de más de 70-75  años te miran a la cara, te sonríen por la calle y tienen un gesto amable. ¡¡Me ha encantado!!

De (más) mayor yo quiero ser así como ellos y ellas, sé que tengo que empezar ya, disfrutando de lo que haga hoy, si no me pillará desentrenada y no quiero dejar de tener un gesto amable y sonriente. Yo también quiero ser esa abuelita que cuando una persona que esté visitando nuestra ciudad  se tropiece conmigo y díga, me encanta su sonrisa!

Y tú, ¿cómo lo ves?

Hasta pronto!  Volveré sobre este tema en breve.

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