Tomar decisiones no es una opción, es “la opción”. Tanto a nivel personal como profesional y empresarialmente, nuestra vida está repleta de pequeñas  y grandes decisiones.  ¿Cuáles son más importantes las pequeñas o las grandes decisiones? ¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?   Seguramente has llegado ya a la conclusión acertada. ¡¡Todas  las decisiones que tomamos son importantes!!   Y las que no tomamos también, también son importantes todas las decisiones que dejamos sin tomar en nuestro caminar por la vida.

Yo siempre, desde muy pequeña tengo una forma de pensar: nunca me arrepiento de lo que decidí hacer y no salió bien, sin embargo sí que me hace sentir incómoda, incluso  me arrepiento de aquello que quería hacer y no hice o dejé a medias o…que ni siquiera intenté. Por ello, a veces tengo reacciones espontáneas que hasta a mí misma me sorprenden, cambio mis planes (¿por qué no?) porque mi yo interior me dice “M Jesús  por allí mejor, estarás más a gusto, más cómoda, disfrutarás más y también llegarás donde quieres llegar”.

¡Lo quiero hacer y además ya! ¡Me apetece hacerlo y hoy es el momento!

La importancia de una decisión viene determinada por el nivel de conciencia que ponemos en ella y el tiempo que invertimos hasta que la tomamos. Sin embargo la mayor parte de las veces creemos que la importancia está  únicamente en el impacto que tendrá lo que hagamos o lo que dejemos de hacer en base a la decisión que tomemos.

Hay miles de pequeñas decisiones cuyo impacto  a corto, medio y largo plazo es muy relevante  y sin embargo las tomamos de modo  no consciente, y menos mal, si no nos volveríamos locos…

Cuando tienes un proyecto de cambio personal o empresarial en tus manos, el número de decisiones no conscientes debe reducirse y dar paso a mayor nivel de planificación y  preparación, de lo contrario no te llevará donde quieres llegar.

Es  necesario prever y reflexionar acerca del impacto que tendrá coger un  camino y otro, hacer una cosa o no hacerla, contar con alguien o hacerlo en la más estricta soledad, compartir la idea con algunas personas y no otras….todo esto nos llevará a un  destino o a otro y nos permitirá ser conscientes de los avances en la dirección deseada o,  por el contrario, nos llevará a accionar el botón de Stop, analizar, reconducir, aplazar, desestimar definitivamente…. cualquier opción será válida menos dejar a medias las cosas, ahí… flotando en el aire, dentro de nuestra mochila personal.

Te invito a que resetees, vacía la mochila y comprueba todas las decisiones no tomadas, las tomadas y dejadas a media, que todavía no has decidido abandonar, las que aplazaste sin plazo….  Ponte en ello, tira lo que no te sirva y disfruta del resto. Ponte de nuevo la mochila y sigue caminando.

Tu vida o tu negocio no se están quietos nunca, podemos quitarnos el reloj, quitarle la pila, esconderlo…….con ello no evitaremos        que el tiempo vaya inexorablemente hacia delante, por tanto podemos actuar para coger las riendas nosotros o dejar que los acontecimientos se vayan asomando a nuestra vida/negocio y los dirijan.

Dejar que todo fluya, dejarnos llevar, debe ser una decisión, será una decisión valiente o temeraria por ser un acto inconsciente, no sabemos el impacto  que  va a tener, no queremos saberlo. Sin embargo, más tarde no podremos eludir la responsabilidad de lidiar con sus consecuencias, tendremos que rectificar, quizá entonces decidamos adoptar un papel de víctimas pero esto ¿será 100% un comportamiento legítimo?  Piénsalo….

Caminante no hay camino, se hace camino al andar… ¡¡Hasta pronto!!

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